¿Por dónde se empieza?

Por clasificar, no por elegir herramienta. Definir tres niveles de información —procesable con un servicio externo, procesable tras anonimizar, y no sale de la organización— convierte una discusión de miedo en una decisión de alcance.

Con esa clasificación hecha, la elección técnica se vuelve casi automática. Sin ella, cada proyecto vuelve a empezar la misma conversación.

¿Qué pasa si el equipo ya está usando IA por su cuenta?

Es lo más frecuente, y prohibirlo empuja el uso a la clandestinidad, donde no hay control alguno. Lo que funciona es ofrecer una alternativa aprobada que sea al menos igual de cómoda y decir con claridad qué información no puede pegarse en ninguna herramienta.